Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

lunes, 21 de mayo de 2018

Guatemala lo sigue


La práctica del exterminio es algo que tienen en común Estados Unidos, Israel y Guatemala



Sandra Xinico Batz

La Hora

Así nombró Rainer Hachfeld a su caricatura más reciente, en el que retrata gráficamente la relación política de Guatemala con Estados Unidos: un pequeño perro cuelga de la pierna del Tío Sam, a quien le va lamiendo el trasero mientras éste se dirige a Jerusalén. Ese pequeño perro representa a Guatemala, luego de que fuese el segundo país (después de Estados Unidos) en trasladar su Embajada en Israel a Jerusalén.

Así lució Guatemala esta semana frente al mundo, así es como se ha comportado políticamente con Estados Unidos por décadas, gobiernos tras gobiernos han actuado como perritos falderos de la gran potencia gringa, crecemos aprendiendo que somos su patio trasero. Complacer a Estados Unidos puede salvarles el pellejo, lo cual es una necesidad evidente del gobierno de Jimmy Morales, quien no vaciló en tomar esta oportunidad para complacer a los gringos quienes además costearon su viaje a Israel, la de su familia y la de los zánganos diputados y funcionarios que le acompañaron.

No creo que a la comitiva guatemalteca le haya importado algo las muertes que se generaron por el traslado de las embajadas a Jerusalén, tampoco creo que comprendan la situación de los palestinos y su lucha, porque así de inmensa es su ignorancia. Jimmy Morales se llena la boca hablando de Dios mientras aprueba el exterminio que Estados Unidos e Israel están provocando en el pueblo palestino. Guatemala como buen país colonizado obedece.

La práctica del exterminio es algo que tienen en común los tres países (Estados Unidos, Israel y Guatemala). La amistad de la que se jactan los Estados de Israel y Guatemala se ha tratado de la “cooperación” armamentista que Israel ha dado a Guatemala, armas con las que se cometió genocidio en contra de nuestros pueblos y ahí también estuvo Estados Unidos que en nombre del anticomunismo y la contrainsurgencia invirtió y se encargó de entrenar al Ejército guatemalteco para que supiera utilizar dichas armas en contra de su pueblo. Si el propio Estado guatemalteco ha generado políticas y prácticas genocidas, no hay necesidad de imaginarse lo que es evidente, que le importa un bledo Palestina.

“Es comprensible que los derechos de los palestinos se marginen en la política y el discurso de Estados Unidos. Los palestinos no tienen riqueza ni poder. No ofrecen casi nada que favorezca los intereses políticos de Estados Unidos; de hecho, tienen valor negativo, como una molestia que agita las “calles árabes”. Israel, por el contrario, es una sociedad rica con una industria sofisticada y de alta tecnología, militarizada en gran medida. Durante décadas ha sido un aliado militar y estratégico altamente valorado, sobre todo desde 1967, cuando llevó a cabo un gran servicio a Estados Unidos y a su aliado Arabia Saudí al destruir el “virus” nasserista y estableció su “relación espacial” con Washington en la forma que ha tenido desde entonces… No solo se apoya a Israel y sus conquistas y su expansión, sino que se le profesa un amor apasionado”. (Noam Chomsky: ¿Quién domina el mundo? 2016).

Fuente: http://lahora.gt/guatemala-lo-sigue/

La crisis de gobierno en Argentina



Alfredo Serrano Mancilla *


La comunicación tiene sus límites. El país real nunca podrá ser sustituido por el país narrado. A pesar de que nadie puede desconocer el creciente protagonismo del marketingpolítico, la realidad cotidiana tiene tanta omnipresencia que resulta muy peligroso infravalorarla. El macrismo creyó inicialmente que podría tapar la angustia que causó en la gente la crisis cambiaria con un todo va bien, todo está en calma. Pero no. No lo pudo conseguir. Así lo certifican todas las encuestas de opinión, sin importar su procedencia ideológica.


Confundir el periodo de gobierno y gestión con la etapa de campaña electoral es un error que se suele pagar caro. El manual de Durán Barba les sirvió para ganar la elección presidencial (teniendo en cuenta que había múltiples factores políticos que no deben desmerecerse en dicha victoria). Sin embargo, cuando llega la hora de la toma decisiones sobre economía o cualquier otro ámbito que afecta a la gente, entonces el arte de la política cobra más importancia de la que muchos imaginan. Es el momento de la Política en mayúsculas, en grande, en todas sus dimensiones.

El macrismo viene demostrando que apuesta todo a una carta: la comunicación nos salvará de cualquier realidad adversa. Y no. No es así. Nunca fue así. Cuando el tipo de cambio salta por los aires y el dólar pasa de costar 17 pesos a 25 en pocas semanas, la calle se pone nerviosa, porque aparece un nuevo cepo cambiario, pero con otro collar. Si antes el macrismo cuestionaba al kirchnerismo por haber violado la libertad de los argentinos poniendo un cepo al acceso de dólares, ahora ellos aplican otro cepo aunque con base en otra restricción: el poder adquisitivo. Esto es: la libertad de comprar dólares choca con el valor (elevado) al que puede adquirirse. Una forma mucho más injusta e ineficaz de aplicar otra modalidad de cepo cambiario: sólo podrá acceder al dólar el que tenga muchos pesos, debido a la evolución creciente del tipo de cambio. Por un lado es injusto, porque excluye a la mayoría y deja en evidencia que el mantra de Macri de una Argentina de todos es falso. Por otro, es ineficaz porque el efecto de esta devaluación es el estancamiento de una economía con alta inflación. Nuevamente, otra promesa incumplida.

Es tremendamente difícil disimular con retórica comunicacional el alto costo de las tarifas o de los precios en los supermercados; ni siquiera la permanente sonrisa de María Eugenia Vidal o los desvaríos humorísticos de Lilita Carrió lo han conseguido. Esta vez la calle ha detectado con total claridad la debilidad del gobierno argentino frente a una situación extrema de crisis cambiaria-financiera-monetaria. Se les vieron todas las costuras.

Lo primero fue llamar al FMI y a Trump como aquel hijo que no puede resolver algo por sí solo y tiene que acudir a sus padres. Más allá de las consideraciones sobre las conocidas desastrosas consecuencias de un rescate del FMI (en la misma Argentina hace décadas o, más recientemente, en Grecia), lo obvio es que el gobierno demuestra un alto nivel de incapacidad e impotencia.

Lo segundo es que se ha percibido claramente que sus poderosos aliados internos no lo son tanto cuando se trata del billete verde. Ni los sojeros liquidaron parte de sus ventas para traer dólares ni los bancos ni los fondos de inversión ayudaron en los días previos para bajar la demanda de dólares, que ha supuesto una sangría histórica de reservas. Los grupos económicos afines al gobierno lo son en tanto ganen todo lo que puedan (y más), pero no cuenten con ellos para que el modelo económico sea sostenible en el tiempo.

He aquí, entonces, uno de los dilemas del macrismo: si se tapan por un lado, les falta abrigo por otro. Una rentabilidad tan exagerada para el sistema financiero, en pesos y en dólares al mismo tiempo, no puede ser duradera en el tiempo, porque la economía salta por los aires. O fue impericia de los técnicos o se hicieron trampas al solitario, porque todo el mundo sabía que esta política económica les iba a explotar en sus manos más temprano que tarde.

Lo tercero es que se ha visto resquebrajado su idilio con los mismos medios que lo auparon en el poder. No significa esto que los hayan dejado de apoyar, pero sí han puesto una distancia relativa que ha provocado un gran malestar en la Casa Rosada. Si algo tienen los grandes medios, es que les gusta tener siempre la sartén por el mango. Y esta vez, en medio de la crisis –como suele ser habitual– el gobierno reaccionó encogiéndose, estrechando su círculo de contactos. Y esto, precisamente, fue lo que no agradó en absoluto a aquellos periodistas que tienen un alto grado de incidencia en la opinión pública. Son personas que poseen egos tan enormes, que les desagrada que no se les consulte cuando llegan estos críticos momentos. Se tambaleó, así, este acuerdo entre ambos bandos. Esto no quiere decir que esté rota la relación, pero por primera vez hemos podido constatar que se ha generado una grieta de desconfianza que no se cura con facilidad.

Desde cualquier punto de vista, se ha puesto de manifiesto que el gobierno argentino no es tan bueno en el campo de la gestión y de la política como lo fue en el terreno comunicacional-electoral. No es verosímil pensar que Macri salga inmediatamente en helicóptero de la Casada Rosada. Pero ha ocurrido algo que no pasará desapercibido: quedó en evidencia la primera gran crisis de su gobierno. Macri ya no tiene a su jefe de gabinete que le sirva de escudo, ni ministros que puedan protegerlo. Tuvo que salir dos veces a poner la cara con un resultado más que incierto. Se comieron una vida. Les queda una menos. En política no se sabe cuántas se tienen. Pero sí hay algo absolutamente irrefutable: cuando se comienza la cuenta atrás, el final está un poco más cerca.

Director CELAG

Twitter: @alfreserramanci

Un aniversario lleno de mentiras; otro, de verdades



Eric Nepomuceno


El sábado 12 de mayo se cumplieron dos años del golpe institucional que instaló a Michel Temer en el despacho presidencial.


Hasta entonces él, una figura un tanto obscura y cuya carrera de diputado se resumió básicamente en articular alianzas, luciéndose como alto especialista en operar el balcón de negocios en que se basa el sistema político brasileño. Exactamente por su habilidad en la compra y venta de congresistas y en controlar la mayor parte de su partido, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, ha sido indicado por Lula da Silva para ser el vice de Dilma Rousseff en dos elecciones seguidas. Sin embargo, en lugar de usar esa experiencia acumulada para asegurar mayoría en el Congreso, como hizo en el primer mandato de la presidenta traicionada, optó por emplearla a la hora de armar el golpe institucional.

Para celebrar la ocasión del aniversario de su llegada a la presidencia, Michel Temer programó una serie de eventos. En una clara muestra de su casi insuperable capacidad de ridículo, la invitación para la ceremonia ostentaba el eslogan especial para la fecha, elaborado por su publicista: Brasil volvió, veinte años en dos.

Tan mediocre como su jefe, el publicista no se dio cuenta de que podría suceder lo que pasó: en las redes sociales se eliminó la coma, y en pocos minutos circulaban miles y miles de bromas, confirmando lo que todos o casi todos saben: con Temer, ‘Brasil volvió veinte años en dos’.

En su largo discurso de celebración, el mandatario dio luminosas muestras de otro de sus talentos: mintió, mintió y mintió. Sin demostrar el menor temor al ridículo, afirmó, solemne, que hoy me informaron que en abril fueron creados 115 mil puestos de trabajo.

La verdad es que el respetado IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística) indica que en el primer trimestre del año el desempleo creció 1.3 por ciento, alcanzando la marca de 13.1 por ciento de la mano de obra, lo cual significa poco menos que 14 millones de brasileños.

Por donde quiera que se mire, el retroceso en esos dos años es brutal. Por primera vez desde 2015, por ejemplo, aumentó el número de analfabetos brasileños. Más de 5 millones de brasileños han sido excluidos del más importante y visible programa social de los tiempos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, el ‘Bolsa familia’. Otro programa transformador, el ‘Mi casa, mi vida’, de viviendas populares, sufrió un corte de más de la mitad en su presupuesto, alcanzando principalmente la oferta de inmuebles a la población de la renta más baja.

Al asumir, hace dos años, Temer prometió armar un gobierno ‘de notables’. Lo que hoy existe es un gobierno plagado de denuncias de corrupción, con ministros –a empezar por los dos más cercanos y poderosos– que tan pronto dejen sus puestos y pierdan el foro especial estarán en manos de la justicia de primera instancia. Destino, a propósito, al que está condenado el mismo Temer, que responde por dos denuncias y ve una tercera asomándose en el horizonte, congeladas mientras él sea presidente.

La tan mencionada ‘retomada de la economía’ es otra mentira. El déficit primario del gobierno central deberá rondar los 139 mil millones de reales, lo cual significa, al cambio actual, unos 37 mil 500 millones de dólares. El crecimiento del producto interno bruto, alegremente anunciado como de 3 por ciento este año, difícilmente alcanzará 2 por ciento. Los más cautos dicen que el PIB crecería de 1.5 a 1.7 por ciento, una proyección más prudente.

Es verdad que la inflación se mantuvo a niveles inéditos. Pero ocurre que el fenómeno se debe a la recesión, misma que alejó del consumo a la mayoría de los brasileños. Que, a propósito, dicen que el gobierno de Temer es pésimo (70 por ciento) y le reprochan masivamente su persona (82 por ciento).

En sus delirios palaciegos, Temer anunció que pretende presentarse a la reelección. Los sondeos indican que hoy sólo 1 por ciento de los brasileños dice que votaría por él.

La celebración de dos años de hundimiento nacional antecedió, en cinco días, el desmoronamiento de su gobierno: el jueves 17 de mayo marcó el primer aniversario de divulgación de una conversación entre Michel Temer y el empresario Joesley Batista, en los sótanos del palacio presidencial. Entre otros registros maravillosos, la grabación clandestina que Batista realizó muestra cómo Temer le aconseja seguir comprando el silencio del principal operador del golpe institucional, Eduardo Cunha, quien presidió la Cámara de Diputados en la época de la destitución de Dilma Rousseff y desde octubre de 2016 ocupa una celda, condenado (hasta ahora, porque hay otras acusaciones en su contra) a 14 años y medio de prisión, por corrupción.

Desde aquel 17 de mayo de 2017 el gobierno de Temer quedó paralizado. El escándalo ha sido fulminante, y lo único que han hecho el presidente y sus secuaces ha sido comprar diputados y senadores para mantenerse en sus puestos e impedir que sean juzgados.

La verdad es que en Brasil no hubo, ni hay nada para ser celebrado. El país retrocede en alta velocidad, y los más damnificados son los de siempre, los de abajo.

Temer insiste en decir que defiende su legado. ¿Cuál legado?

También dice que sabe cuál será su lugar en la historia. ¿Estaría, en un brote inesperado de sinceridad, refiriéndose al bote de basura de la historia?

El descenso a los infiernos de la iglesia chilena

La Jornada


El reconocimiento de un sacerdote chileno de la región central de Rancagua de haber tenido conductas sexuales impropias con al menos una creyente de su parroquia, representa otra modesta pero significativa prueba de la corrupción que durante años inficionó las estructuras de la Iglesia católica chilena hasta un punto que ni las autoridades de El Vaticano –proclives a aminorar o desconocer cualquier comportamiento execrable de sus ministros, especialmente en materia sexual– han podido pasar por alto. La renuncia en bloque de los obispos del país conosureño –que el papa Francisco tiene la potestad para aceptar o rechazar– muestra la profundidad de la crisis que sacude a la institución eclesiástica y revela también que tiene una magnitud imposible de ocultar públicamente.


No es la de Chile la única Iglesia donde las violaciones de menores y las conductas desordenadas de los religiosos llegaron a ser prácticas extendidas y frecuentes: desde los años 90 del siglo pasado, cuando especialmente en Irlanda y Estados Unidos empezaron a denunciarse casos de pederastia documentados con pruebas abundantes e irrebatibles, la grey católica de casi todo el mundo se vio sacudida por la evidencia de que gran número de clérigos, a menudo protegidos por sus superiores jerárquicos, estaban más preocupados por el cuerpo que por el alma de sus feligreses y feligresas. Poco a poco, personas que en algún momento de sus vidas estuvieron ligadas a seminarios, orfanatos, parroquias, hospitales o espacios de presunto servicio social dependientes de la Iglesia de Cristo se atrevieron a ventilar situaciones que habían permanecido encubiertas a lo largo de décadas.

El caso de la Iglesia chilena, sin embargo, amenaza con alcanzar proporciones únicas pese al sigilo con que los investigadores de la llamada Santa Sede se mueven a la hora de examinar las acusaciones de pedofilia y abusos varios que pesan como una losa sobre el clero de Chile. Y es que los eclesiásticos de ese país contaban, para la comisión de sus delitos, con la impunidad que les garantizaba el gobierno del dictador Augusto Pinochet, a quien la institución religiosa le debía el favor de hacer extensiva la educación confesional católica en las escuelas hasta el nivel de la enseñanza media, vieja aspiración de la Iglesia en el ámbito educativo local. Es probable que la certeza de esa impunidad haya contribuido a estimular la comisión de delitos sexuales a tal grado y en tal extensión en la estructura eclesial de la nación andina.

Si bien los actos que se atribuyen a los sacerdotes chilenos inculpados son condenables por sí mismos, el hecho de que hayan sido cometidos con el apoyo (tácito o explícito) a un régimen sanguinario que se proclamaba católico a ultranza, les da un carácter todavía más oprobioso y repudiable.

Es difícil prever hasta dónde llegará el compromiso asumido por el obispo de Roma en el sentido de depurar a la Iglesia de Chile –y por extensión a la Iglesia en general– de la corrupción que, en una de las sociedades más conservadoras de América Latina, está desencantando aceleradamente a sus fieles (en 2016 sólo 45 por ciento de los chilenos se declararon católicos, frente a 74 por ciento que decía serlo en 1995). Pero sea cual sea el resultado de la intervención papal, será difícil que la institución recupere el prestigio que alcanzaba por las épocas en que muchos de sus ministros vulneraban los derechos elementales de niños y niñas, al tiempo que bendecían los atropellos y los crímenes de un presidente de facto que afirmaba que los derechos humanos eran un invento de los marxistas.

domingo, 20 de mayo de 2018

El desprecio por la vida

Guatemala


La ola de ataques en contra de los pueblos indígenas en Guatemala y la apertura de la embajada de Guatemala en Jerusalén, se desarrollan en un marco de continuación del Plan de Seguridad de Estados Unidos. Y la violencia imparable en Guatemala, se desarrolla en el marco del Alianza para la Prosperidad, que tiene entre sus objetivos, la gobernabilidad, la seguridad e inversión, planificado por Estados Unidos, para someter a los pueblos a sus intereses.

Todo plan pensado por Estados Unidos, tiene como principal enfoque el tema de la seguridad, espantando a todo el mundo con el “petate de terrorista”, cuando en realidad ellos mismos lo crearon como parte de un programa que le podríamos llamar “la mundialización del miedo” y que tiene su repercusión violenta en los países que protegen sus reservas de recursos naturales como Siria y Venezuela.

En el caso guatemalteco, se pretende aplicar como parte del modelo, el Plan fortaleza que tiene como objetivo la seguridad, argumentando la supuesta utilización del territorio centroamericano por parte de los terroristas de ALQAEDA, ISIS etc, para atentar en contra de los intereses de Estados Unidos y el supuesto control al narcotráfico, pero en realidad tiene como fin la militarizar de la región, para impedir la llegada de migrantes a Estados Unidos, bajo la consigna del “derecho a no migrar” y que lamentablemente algunas ONG y personalidades de la región están impulsando.

Al mismo tiempo implementan el “Programa Indígena” el mismo tiene su sede en México, su objetivo continuar lo que inició el Instituto Indigenista Iberoamericano y el actual Fondo Indígena Iberoamericano, para integrar, domesticar, folklorizar y cooptar a personalidades indígenas y sus organizaciones. Por otro lado, es retomar los contenidos de los informes de Santa Fe I y II, que tienen como objetivo, desideologizar a los campesinos e indígenas y vistos como el peligro para los Estados y Estados Unidos.

Los programas de “ayuda”, cuando estos también son paternalistas, impulsados en la región en “supuesto” favor de campesinos e indígenas, así como el apoyo contra la corrupción y la impunidad, solo tiene como objetivo desaparecer a los pueblos pobres, principalmente indígenas y campesinos, por eso se comprende el excesivo enfoque espiritualista, como si los indígenas y campesinos, solo viven de “adorar montañas, cerros y valles”.

La vuelta de la embajada norteamericana a Jerusalén y seguido por “perros falderos”, como el gobierno de Guatemala, solo tiene como objetivo hacer desaparecer al pueblo palestino y consentir las políticas genocidas de Estados Unidos e Israel en Guatemala.

De esa cuenta, la alianza política del gobierno de Guatemala, óigase bien “gobierno” y no pueblo, con los Estados Unidos e Israel, en su intención de desalojar a los Palestinos de sus originarios territorios, solo nos deja como reflexión su “complicidad con el genocidio y el sufrimiento de los pueblos que buscan su libertad” y que lo coloca en listado de las personas, que se inclinan porque en Guatemala “vale más un indio muerto, que un indio vivo”.

En ese sentido, tiene razón el Secretario General de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que “Guatemala ha elegido estar en el lado equivocado de la historia con la inauguración de la embajada en Jerusalén, pues con este gesto Guatemala, se sitúa al lado de las violaciones a la ley internacional y los derechos humanos (...) además lo considera como un insulto los millones de centroamericanos que han luchado por los valores de la justicia y la paz”.

Y como sigue afirmando el mismo secretario, “que solo un presidente que se ha opuesto a investigaciones de la ONU por corrupción y abusos de poder, puede seguir violando aún más las resoluciones internacionales”. Pero bajo esta supuesta alianza con el gobierno de Estados Unidos, pretende evadir la justicia por los casos de corrupción que hay en su contra.

Jimmy Morales, como un “payaso-dictador”, es una “marioneta”, en manos del gobierno de Trump, pero que ha generado diferentes opiniones en el escenario guatemalteco, pero que al mismo tiempo asume el “discurso doctrinario planteado por Estado Unidos, en el que clasifica de manera arbitraria como terroristas a movimientos amados y movimientos no armados, considerados como potenciales enemigos de la democracia bajo el modelo de los Estados Unidos”, como lo lo afirma el intelectual mexicano Gilberto López Rivas.

De esa cuenta, la embajada, el viaje, los asesinatos de líderes comunitarios, como: Mateo Chaman Paau, Jose Caan Xol, Luis Marroquin y la escalada de violencia en nuestro país, solo puede entenderse como una continuación del genocidio guatemalteco. En donde la vida humana no tiene ya ningún valor, sobre todo para gobiernos como el nuestro y que hace suya la política genocidas de Estados Unidos y de Israel.

En este sentido, mientras la sociedad guatemalteca, no tome conciencia que estamos delante de un nuevo sistema de represión en contra de los considerados “no humanos”, en la mentalidad y la conciencia de la gente, se impulsa por diferentes medios, que todo lo que se había avanzado para desmantelar el Estado criollo corrupto, ha sido una farsa y que por lo tanto, debe someterse a revisión-

Al mismo tiempo, que el mensaje de los grupos represivos y criminales de Guatemala, se aviva la voz, que estas acciones están enfocadas a combatir el terrorismo internacional y por eso se justifica la alianza corrupta y genocida: Guatemala, Estados Unidos e Israel.  

¿Tiene remedio Nicaragua?


En el momento en que el escritor nicaragüense Sergio Ramírez recibía en Madrid el premio Cervantes, en su país se llevaban a cabo los primeros recuentos de muertos a manos del ejército y de la policía. El que fue vicepresidente de la República durante la épica década de los 80, dedicó el galardón a su pueblo, a los asesinados, a los heridos, a los detenidos, a los desaparecidos, que después de diez años de opresión se han levantado contra un poder absoluto que desconoce la división de poderes.
Cuando escribo este artículo, las cifras dadas por la Comisión Permanente de Derechos Humanos de Nicaragua son de 63 muertos y 15 desaparecidos, siendo centenares los heridos. Las cifras oficiales, de momento, no reconocen ni la mitad. Semejante matanza ha sido la respuesta del presidente Daniel Ortega y de su esposa la vicepresidenta Rosario Murillo, a las protestas contra la disminución de las pensiones en un 5%, cifra que pasará a ser una contribución al Instituto Nacional de Seguridad Social y contra el aumento de las cotizaciones de los trabajadores y empresarios al INSS. Medidas que debieron ser debatidas en la Asamblea Nacional, de acuerdo con la Constitución, y nunca por decreto presidencial.
Todo el país, durante cinco días, ha estado jalonado por barricadas, hogueras y enfrentamientos desiguales de jóvenes estudiantes con fuerzas represivas gubernamentales y también con las famosas “turbas divinas” que forman un cinturón de hierro en defensa del régimen. Hasta que el lunes 23 un río humano de más de cien mil personas, la mayoría de menores de 30 años y la mitad por lo menos de mujeres, recorrió Managua, e hizo ver a Ortega y Murillo que no les quedaba otra que negociar. Decenas de muertos después, la negociación es posible, lo que explica al mismo tiempo el fracaso de un régimen algo más que autoritario y el poder, en este caso heroico, de la calle.
Pero ¿qué pasa en Nicaragua? ¿por qué tanta gente se ha sublevado? Daniel Ortega accedió al poder en 2007, casi dos décadas después que lo perdieran los sandinistas ante la Unión Nacional Opositora que ganó las primeras elecciones tras la década revolucionaria, con Violeta Chamorro de candidata. Ganó por fin la presidencia y en su caso además el poder, tras perder tres elecciones presidenciales desde 1990, esta vez con el apoyo del cardenal Obando y Bravo que logró, a cambio, que los diputados del Frente Sandinista derogaran la ley de aborto terapéutico, haciendo de Nicaragua uno de los seis países del mundo que lo prohíben.
Inmediatamente de ser investido presidente, pa ra llegar a controlar las instituciones del Estado, incluida la policía y el ejército, tuvo que deshacerse de muchos dirigentes del Frente Sandinista, otrora en el poder. De los nueve comandantes que formaron la Dirección Nacional del FSLN durante el gobierno revolucionario, tomaron distancia de sus políticas y liderazgo, su hermano Humberto Ortega, y los comandantes Víctor Tirado, Henry Ruiz, Jaime Wheelock y Luis Carrión. Quedaron con Ortega, Bayardo Arce y Tomás Borge, ambos muy implicados en negocios algunos de ellos turbios. Imposible saber en qué lugar estaría hoy Carlos Núñez, fallecido en 1990. Por su parte, los hermanos Fernando y Ernesto Cardenal, las comandantes Dora María Téllez y Mónica Baltodano, el ex jefe de la policía René Vivas, la gran poetisa Gioconda Belli y el citado Sergio Ramírez, encabezan un ingente número de hombres y mujeres que reivindicando el sandinismo se han apartado de un FSLN propiedad de la poderosa pareja Ortega-Murillo que rápidamente s e rodeó de un grupo de incondicionales, con cuya complicidad ejercen el poder de forma despótica y al modo de una monarquía absolutista.
La pareja gobernante parece querer instaurar una dictadura familiar en la que sus propios hijos ocupan de manera irregular responsabilidades de estado por el mandato autocrático de su padre, el presidente, ustituyendo en viajes oficiales a ministros e incluso al canciller. Lo cierto es que todo el poder está concentrado en la familia Ortega-Murillo y en un pequeño grupo de incondicionales que alimentan la existencia de un caudillaje que les proporciona seguridad para ejercer de cargos públicos con derecho a enriquecerse. Como afirma el histórico guerrillero Henry Ruiz, «ya no hay ideología, no hay mística, no hay normas, no hay debate, no hay nada». Pero este vacío no impide que con el lenguaje del antiimperialismo Ortega siga manteniendo un ascendente significativo sobre una amplia parte de la sociedad, algo que es posible gracias al clientelismo que se alimenta de un asistencialismo perverso, de pequeños lotes agrarios, de láminas de zinc, de bicicletas, y otras donaciones cubiertas hasta ahora con dinero procedente de la generosidad petrolera venezolana. Además, favores personales, premios y castigos, que se completan con una vigilancia diaria a través del cinturón de hierro tejido por su cómplice Rosario Murillo, que ha sabido crear una milicia que lo controla todo en los municipios, en los barrios, en los centros de trabajo y estudio, bajo el disfraz de participación ciudadana.
Hay que remontarse a las derrotas electorales de Ortega frente a Violeta Barrios de Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, para comprender cómo se ha llegado al momento presente. Para hacer creíble su acercamiento al cardenal Obando y a la Iglesia Católica, Ortega comenzó a asistir a los oficios de la catedral desde donde pidió perdón al pueblo de Nicaragua, llevándose consigo a las misas televisadas al que fue el poderoso jefe de los servicios secretos Lenin Cerna. Comenzó a fabricarse una imagen de hombre devoto, bien guiado por Rosario Murillo que a su vez expresó públicamente su rechazo al aborto en cualquier circunstancia. De esta conversión surgió su gran lema político que sigue vigente «Nicaragua cristiana y socialista». Un socialismo confesional que no deja de ser una originalidad oportunista. Y en todo caso pura propaganda.
La conversión no fue sólo religiosa. El mítico comandante Henry Ruiz, el más veterano de la guerrilla en la montaña, lo denuncia: «Al principio nos pareció que su programa apuntaba a una economía de desarrollo nacional. Fue un espejismo. Se fue rapidito al INCAE para asegurar a los grandes empresarios nacionales que respetaría sus negocios e impulsaría privatizaciones. Ustedes hagan la economía y yo haré la política, les dijo». Pero lo cierto es que el país sigue prisionero de un problema estructural que mantiene al 80% de la población económicamente activa en la economía informal. Nada está cambiando, si no es a peor, en una economía que funciona bajo la obediencia al Fondo Monetario Internacional, y por consiguiente aumenta las desigualdades sociales. La estrategia de Ortega es el asistencialismo que le viene asegurando su continuidad, bajo la amenaza de que su derrota sería el final del reparto de
Hoy, en el legislativo, Ortega tiene a 71 de sus 92 diputados, siendo que los 21 legisladores restantes pertenecen a partidos colaboracionistas que dan fachada democrática al régimen. Escaños ocupados por corruptos que se apoderaron de apoyos millonarios para la reconstrucción después del huracán Mitch que en 1998 dejó más de 3.000 muertos. Con el control de la Asamblea Nacional Ortega tiene carta blanca para aprobar las leyes que quiera, incluidas nuevas reformas de la Constitución, todo con el fin de garantizar su permanencia en el poder. Decir que esta legislatura representa la continuidad de una amenaza a las libertades políticas y civiles no es una exageración.
¿Tiene remedio Nicaragua? La comandante guerrillera Mónica Baltodano pone sus esperanzas en la sociedad civil y en particular en una nueva generación de jóvenes no contaminados por el poder. Ella critica a la oposición: «Desde que subió Ortega al Gobierno, todas las luchas que ha empujado la oposición han girado alrededor de las elecciones. Vamos a las elecciones para conseguir alcaldías, o para lograr diputados, y vamos a las presidenciales en condiciones de desventaja, pero aquí no existe un movimiento popular autónomo independiente. Yo creo que la única manera de construir otra correlación con la gente a la que no le parece cómo se hacen las cosas en este país, es con otras formas de organización que superen el electorarismo».
A la pregunta ¿Cómo se puede crear un movimiento social fuerte de oposición en la Nicaragua de 2017? responde de esta manera: «Hay que construir alianzas con la gente que está luchando por su territorio, porque no se construya el Canal interoceánico de 273 kilómetros, que Ortega quiere construir con capital chino. Una obra a la que se oponen los ambientalistas y campesinos por su dimensión faraónica que destruiría miles de kilómetros cuadrados de naturaleza y dañaría de manera amplia el medio ambiente de una gran parte de Nicaragua.
Lo cierto que la sublevación frente al gobierno Ortega-Murillo podía haber estallado por otros motivos. La reforma del INSS ha sido un detonante como podía haber sido el canal contra el que ya se han llevado a cabo más de cien marchas en los últimos años. La sublevación lo es por las libertades, contra el intento de una familia por instaurar una especie de monarquía absolutista. Una familia que ha pervertido el FSLN, aunque afortunadamente el sandinismo es mucho más, y siempre será para los que los somos una bandera libertaria.

Venezuela vota en paz

Caja de Respuestas

Nuevamente el pueblo venezolano decidirá su futuro este domingo 20 de mayo y lo hará en muy difíciles circunstancias, pero con la convicción de que solamente en paz y democracia es posible construir ese futuro. 

Cuando esta nota salga publicada en su versión impresa, ya habrá iniciado en la República Bolivariana de Venezuela el silencio electoral. Habrán culminado las campañas y ya se habrán producido los actos de cierre de campaña.

El pueblo venezolano será el que tenga en sus manos el futuro de la Patria y la decisión de cuál será el modelo de sociedad a construir por todas y todos. Y tomará esta decisión probablemente en las circunstancias más difíciles que le haya tocado vivir.

Lo hará en medio de una guerra económica salvaje, que ha provocado graves dificultades para toda la población por la desmedida inflación, especulación y acaparamiento generada desde las grandes empresas que tienen un casi monopolio de la distribución de los productos de la cesta básica, así como de la distribución de insumos médicos y medicamentos.

Las venezolanas y los venezolanos asumirán este compromiso con su propia historia enfrentando descaradas amenazas y ataques injerencistas por parte del imperialismo norteamericano y de algunos de sus gobiernos aliados.

El pueblo de Bolívar dará batalla en estas elecciones también a tristes personeros de organismos regionales que ya no pueden esconder que se han entregado de cuerpo y alma a los intereses de los sectores más radicales de la derecha global que pretenden cerrar el paso a las experiencias de creación de nuevas relaciones políticas, económicas y sociales en América Latina.

En definitiva, el domingo 20 de mayo lo que se define es si se mantiene el rumbo de Venezuela, con redistribución y manejo soberano de la renta petrolera y con una inversión social sin parangón (74% de los recursos públicos) o si se da paso al modelo neoliberal y sometido a los designios de los Estados Unidos.

Y, sin embargo, el pueblo venezolano ya ganó. Porque a mediados de 2017 conquistó la paz.

La paz nos trajo hasta aquí

A partir del 12 de febrero de 2017, lo sectores fascistas de la derecha venezolana activaron “la salida”, una operación que buscaba provocar la caída del gobierno del presidente Maduro a través de manifestaciones de extrema violencia aprovechando la mayoría que habían logrado en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, la caída de los precios internacionales del petróleo y una muy calculada operación de asedio internacional.

El 6 de enero de 2016, al asumir, los parlamentarios opositores habían dejado claro cuál era su objetivo: sacar de una forma u otra del gobierno a Nicolás Maduro. La violencia parecía la única manera.

Los más de cuatro meses que duró “la salida” generaron la muerte de casi 200 personas, heridas y lesiones de diversa entidad a más de mil y afectaciones a la vida de cientos de miles de venezolanos.

Durante estos meses, los llamados por parte de los más connotados representantes opositores a los integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a dar un golpe de Estado se contaron por decenas, lo que permitió desnudar los verdaderos intereses de quienes se habían presentado como la “opción democrática”.

Durante el acto del Primero de Mayo de 2017 (en el momento más duro de esta operación), Maduro anunció la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), elecciones que se realizaron el 30 de julio del mismo año y que lograron convocar a más de la mitad de los electores habilitados, a pesar del boicot nacional e internacional que pretendieron impedir esta convocatoria.

La oposición de derecha intentó impedir de forma violenta que se realizaran estos comicios; sin embargo, miles y miles cruzaron ríos a pie, superaron bloqueos de calles y carreteras, desafiaron amenazas y realizaron su apuesta por la democracia y la paz, dando una enorme lección de civismo y mostrando su hartazgo a los hechos violentos que promovían los sectores más radicales de la derecha.

Pero, sobre todo, Venezuela demostró que ya no se iba a dejar intimidar. Como por arte de magia, ya el 1° de agosto las guarimbas (como se llaman en este país a este tipo de acciones violentas) estaban desactivadas.
La ANC decidió relegitimar a las autoridades de estados y municipios, por lo que convocó a elecciones de gobernadores el 15 de octubre y de alcaldes el 10 de diciembre de ese mismo año. 

El chavismo arrasó en ambas convocatorias. De las 23 gobernaciones se hizo con 17 y de los 335 municipios en que está dividido el territorio nacional obtuvo el respaldo en 298.

En los tres eventos de ejercicio democrático realizados en 2017, el pueblo decidió que respaldaba al Gobierno Bolivariano. Y lo hizo clamorosamente, con altos niveles de participación en un país donde el voto no es obligatorio, con porcentajes superiores al de algunas de las más ostentosas democracias del mundo.

El presidente convocó a la oposición a dialogar con el auspicio de la UNASUR y el Vaticano, contando para esto con la facilitación de los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero (España), Leonel Fernández (República Dominicana) y Martín Torrijos (Panamá) y con la hospitalidad del presidente dominicano Danilo Medina, quien permitió que este diálogo se realizara en su país.

Esta instancia de diálogo había sido propuesta por el mandatario venezolano en 338 oportunidades previamente y los sectores opositores se habían negado a participar.

A pesar de meses de conversaciones, de idas y venidas, de la aceptación por parte de los representantes del Gobierno de la casi totalidad de las demandas presentadas por la oposición, a último minuto los representantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD, agrupamiento de la oposición de derecha) concluyeron pateando la mesa y retirándose del diálogo el mismo día en que se preveía la firma del acuerdo.

Esta decisión auténticamente antidemocrática ocasionó la fractura del conglomerado opositor, entre quienes se negaron a buscar una salida en paz y quienes comprenden que es con votos que se dirimen las diferencias.
La ANC convocó entonces a una elección presidencial, que es la que se realizará este domingo y se presentaron a la misma cinco candidatos. 

Además del presidente Nicolás Maduro, que aspira a la reelección, se presentaron Henri Falcón (ex gobernador del central estado Lara), Javier Bertucci (empresario y pastor evangélico), Luis Alejandro Ratti (especialista en mercadeo) y Reinaldo Quijada (ingeniero electrónico y militar retirado).

El presidente Nicolás Maduro cuenta con el respaldo del Frente Amplio de la Patria, que agrupa a todos los sectores que respaldan a la Revolución Bolivariana y las diversas encuestas le otorgan el respaldo de más de la mitad de quienes manifiestan su voluntad de acudir a las urnas este domingo.

Por su parte, Henri Falcón (a quien las consultas de opinión le otorgan cerca del 30% del electorado) ha recibido el apoyo de su propio partido (Avanzada Progresista) y de otros sectores que se retiraron de la MUD, así como del candidato Luis Ratti, quien se retiró de la contienda al no recoger apoyos significativos.

Javier Bertucci, quien montó su infraestructura sobre la base de la feligresía de buena parte de las iglesias evangélicas del país y de una campaña realizada con ingentes recursos tiene una preferencia del entorno del 15%.
Por último, el exmilitar Reinaldo Quijada, quien dice representar al chavismo descontento, no ha logrado superar el 5% de la intención de voto. 

Sin embargo, probablemente la cifra más importante sea la cantidad de personas que manifiestan su decisión de votar, que superaría el 60% y que -por tanto- ratificaría la voluntad de consolidar la paz y lograr superar la grave situación económica que hoy vive el país y su gente.

Con todas las garantías  

Se llega a esta elección con un sistema electoral ya francamente consolidado, del que ya nadie puede manifestar dudas razonables.

Ya se superaron las fases de acusaciones de fraude, de supuestos hackers rusos o chinos, de cambios de votos o de pajaritos preñados.

Con el sistema de voto automatizado que existe en Venezuela, nadie ha podido demostrar que se haya falseado el resultado en una sola mesa de votación.

Las auditorías previas y posteriores, realizadas con presencia de todos los partidos políticos, acompañantes internacionales y expertos electorales garantizan los resultados al 100%.

Al sistema se le realizan las siguientes auditorías:

1) Auditoría al software de votación. Antes de cada proceso electoral se revisa el código fuente, lo que garantiza que el programa informático suma, asigna, totaliza y transmite de manera correcta los resultados.

2) Auditoría de producción de las máquinas de votación. Se verifica que las máquinas de votación se estén produciendo con los códigos certificados en la fase anterior.

3) Auditoría pre-despacho de máquinas de votación. Antes de enviar las máquinas a cada centro de votación del país, se realiza un simulacro de votación en una muestra aleatoria donde se comprueba que efectivamente están sumando y totalizando correctamente.

4) Auditoría de infraestructura. Se desarma una muestra de máquinas a fin de observar sus componentes y asegurarse de que todos son necesarios para la elección y que no hay ningún elemento secundario que ejecute otras acciones que no esté acorde con el proceso electoral.

5) Auditoría al Sistema de Identificación Biométrica. El resultado más importante de esta auditoria es corroborar que no existe relación ni se genera un orden entre la captura de la huella dactilar y la secuencia de los votos, garantizando el mandato constitucional del secreto al sufragio y el principio de un voto por elector.

6) Auditoría de producción del Sistema de Identificación Biométrica. Se verifica el seguimiento y control del aislamiento de los equipos que conforman el sistema y se selecciona una muestra para verificar que la firma electrónica de la aplicación no haya cambiado.

7) Auditoría a la red de transmisión de datos. Consiste en revisar cada uno de los dispositivos de telecomunicaciones que intervienen en el proceso de transmisión de resultados y garantizar que la red que utiliza el CNE es exclusiva, está totalmente aislada de Internet y blindada contra intrusos.

8) Auditoría del sistema de totalización. Se observa el sistema de totalización, sus componentes, su código fuente y la firma electrónica de la aplicación. Luego de la elección el CNE entrega a las organizaciones políticas el registro de las transmisiones de datos, hora y lapso durante el cual se conectaron las máquinas de votación al servidor de totalización nacional, para su revisión y auditoria.

9) Auditoría de cierre. Se verifica la precisión de la solución automatizada a través de la concordancia entre los votos registrados y escrutados, por la máquina de votación y los comprobantes de votos contenidos en la caja de resguardo. La auditoría se realiza, una vez que se haya cerrado el acto de votación, impreso el acta de escrutinio, transmitido los datos e impreso las copias previstas. En ese momento, a través de un sorteo se seleccionan las máquinas que participarán de la auditoria de acuerdo al 54,4% previsto por el CNE. La auditoría de cierre es un acto público sin más limitaciones que las derivadas de la capacidad física del local y la seguridad del acto electoral. Los testigos de las organizaciones con fines políticos presencian y firman la constancia de auditoria.

10) Auditoría de las memorias. Se hace un respaldo de los datos para el caso de una eventual revisión de resultados con cualquier fin electoral y luego, las memorias de las máquinas son blanqueadas para que no exista la posibilidad de relacionar a los votantes con el resultado manteniendo el secreto del voto.

11) Auditoría posterior. Es una recreación de la auditoria de cierre, en la cual los representantes de las organizaciones políticas verifican las cajas auditadas realizando de nuevo el conteo y registro de los comprobantes de votación. Esos resultados se comparan con los del sistema de totalización y es certificado por las organizaciones políticas.

12) Auditoría de boletas electrónicas. Para los procesos electorales que requieran múltiple elección de cargo, las boletas electrónicas también se someten a auditoria. A través de un simulacro de votación el día de la auditoria, los representantes políticos comprueban que el sistema táctil funciona correctamente y los votos son atribuidos al candidato del óvalo seleccionado.

13) Auditoría de cuadernos impresos. Aunque no pertenecen al sistema automatizado, los cuadernos de votación son revisados por las organizaciones políticas, corroborando que la data de votantes que contienen se corresponde con la que el Registro Electoral prevé para esa mesa de votación.

Además de las auditorías al sistema electrónico, también es verificado el Registro Electoral, el registro de las huellas dactilares y el mecanismo con el que se realiza el sorteo de las ciudadanas y ciudadanos que compondrán cada una de las mesas electorales.

Están convocados a votar 20.526.978 ciudadanos y ciudadanas, quienes podrán emitir su voto en los 14.638 centros de votación distribuidos por todo el país con 34.143 mesas de votación y otras 276 mesas habilitadas en las misiones diplomáticas venezolanas en el extranjero.

Además del presidente de la República, el electorado venezolano elegirá entre 1.696 candidatas y candidatos a integrar los 23 Consejos Legislativos Estadales.

A pesar de rumores, de amenazas, de groseras intromisiones en los asuntos internos de Venezuela, a pesar de quienes amenazan con la violencia dentro y fuera del país, a pesar de las operaciones de desinformación o de invisibilización de las campañas y el proceso electoral, el pueblo bolivariano saldrá a votar.

Nuevamente las hijas e hijos de Bolívar y Chávez darán una lección a quienes no tiemblan para decir que “le abrirían los puertos y los aeropuertos a los (norte)americanos para que llenen el país de productos”, a quienes pretenden entregar los recursos patrios y abrazarse al Fondo Monetario Internacional, a quienes pretenden arrasar sus conquistas y pisotear sus anhelos.

Y lo hará como siempre, con una gran movilización, con esperanza, con alegría y en paz.

¿Cambio de régimen?


Ilán Semo

Tanto los opositores a Morena como sus seguidores coinciden, cada día más, en una interrogante: si llega AMLO a la Presidencia, ¿abriría las compuertas para un cambio de régimen? La respuesta no es sencilla, sobre todo si se trata del cambio de las estructuras políticas y sociales del régimen que se instauró después de la crisis electoral de 1988. Estructuras que se han vuelto parte del hábitat y del sentido común de la sociedad mexicana.
Es la misma tarea que se impusieron las fuerzas que en algún momento encabezaron Lula en Brasil, el Frente Amplio en Uruguay o Michelle Bachelet en su segundo periodo en Chile, o bien, Podemos en España, la coalición Francia Insumisa en el país galo y el Partido Laboral de Jeremy Corbyn en Inglaterra. ¿En qué consiste este cambio?
En cierta manera, el siglo XX ya transitó, en su primera mitad, por un paradigma semejante. Si se observan las razones principales que desembocaron en 1914 en la I Guerra Mundial, y, más tarde, en la crisis de 1929 que precedió al estallido de la II Guerra Mundial, hay una sombra constante que se encuentra en el trasfondo de ambas catástrofes: las poliarquías liberales que condujeron a las sociedades europeas al límite de su gobernabilidad. Finalizada la II Guerra Mundial siguió la pregunta de cómo transitar de la crisis de gobernabilidad que heredaron las aporías del liberalismo del siglo XX a un orden democrático y social que lograra limarle las garras a los vértigos constitutivos de la lógica del capital. Es decir, que lograra regular esta lógica.
La solución fue la fórmula inscrita en el sintagma del Estado de bienestar, cuyos conceptos e ideas básicas se remontaban a la República de Weimar y el socialismo austríaco de la década de los años 20. Y la solución funcionó de manera impresionante. Fueron los años de oro de las sociedades occidentales que se prolongaron hasta la década de los años 70.
Uno de los mantras de las nuevas poliarquías liberales de la década de los años 80 (cuyo origen se remonta al Chile de Pinochet y a la Inglaterra de Margaret Thatcher, ¿no es acaso paradójico que una política conservadora, Tory, fuera la artífice de la actualización del liberalismo?) residió en decretar como anacrónica esa solución. Han transcurrido cuatro infructuosas décadas para demostrarlo. Incluso los grandes paradigmas sociales tienen límites en el tiempo, sobre todo si son drenados por sus aporías internas. Las poliarquías parlamentarias de la década de los años 90 y principios del siglo XXI –sería un grave error llamarles democracias–, en México equivaldrían al salinato, tienen un extraño símil histórico: los Estados absolutistas europeos de los siglos XVII y XVIII. Ambos se propusieron poner un alto a la lógica de las fuerzas de la modernidad. Los Estados absolutistas tratando de destituir los impulsos de la sociedad industrial, la democracia y el tercer Estado, la tecnocracia de fines del siglo XX tratando de desmantelar todas las redes sociales y de protección que hicieron posibles a la fórmula del Estado de bienestar.
En 2018, por donde se le vea, el dilema ya es como dejar atrás ese orden que colocó a la lógica de los mercados en los intersticios de toda la sociedad. Es decir, cómo transitar a un nuevo régimen democrático y social capaz de adaptarse a los desafíos de la globalización. La disyuntiva entre proteccionismo y apertura es un falso dilema. Lo muestran sociedades que han logrado sortear ese desafío: Alemania, China, Japón… Todas ellas con sus propios mecanismos de protección de sus poblaciones. Una cosa es el proteccionismo, otra cosa es la protección de la casa propia. El dilema es cómo reinventar el resguardo de la sociedad adaptándolo a las condiciones de la globalización. Hay que reconocer que la mayor parte de los experimentos que lo han intentado en Grecia, Brasil, Italia y otras partes han fallado. Pero esa es la fatalidad de todo cambio de régimen: sólo espera el acontecimiento que lo consagre.
Durante los seis meses de la campaña electoral, López Obrador ha debido pactar a tal grado su programa inicial, que es difícil imaginar que cuente hoy con la autonomía suficiente para emprender un desafío de esa envergadura. Tal y como se avizora, la perspectiva que él mismo ha allanado, se trata de leves reformas a un régimen que ha logrado sobrevivir tres décadas. Claro, leves reformas que pueden ser reformas mayúsculas para una población marginada durante 30 años de todos los saldos de la apertura.
Y sin embargo, hay un ingrediente propio de la política mexicana que vuelve las consecuencias incluso de actos menores en una contabilidad de expectativas impredecibles. En México, todo lo político es personal y frecuentemente todo lo personal es político. Sobre todo en la esfera de la Presidencia. El cargo más alto de la República encierra potencias simbólicas insospechables. Una suerte de carisma institucional: no importa quién lo ocupe, incluso un inepto, el cargo le transmite su aura, es el Presidente. Ahora bien, si quien lo ocupa sabe qué hacer con él, su fuerza puede devenir incalculable: En una situación de crisis, puede convertirse no en una referencia del Estado, sino en su referente. Ha sucedido varias veces en el siglo XX.
No se trata, por supuesto, de la Presidencia de las décadas de los años 60 o 70. Y sin embargo, su potencial es un misterio. Los más preocupados por la opción AMLO, lo saben muy bien. Nada hay en el Morena de hoy que apunte a un cambio sustancial de régimen; pero tampoco nada hay que apunte en la dirección opuesta. Lo que queda es una interrogante a la que los propios acontecimientos se encargarán de dar cuerpo.

Tesis sobre el cuerpo palestino


Maciek Wisniewski*

¿Cómo explicar que –tratemos de usar las palabras precisas– la salvaje explosión de la violencia colonial y el premeditado asesinato de los palestinos desarmados por el ejército israelí en Gaza o sea la prolongada y brutal represión de la Gran Marcha del Retorno (bit.ly/2GW2z09) con el saldo de más de 110 muertos por balas vivas culminada el 14 de mayo con un verdadero baño de sangre –¡62 manifestantes ejecutados uno por uno por francotiradores israelíes en una jornada de protesta!– en el 70 aniversario de la fundación de Israel y en la víspera del aniversario de la Nakba (la catástrofe) que expulsó a más de 750 mil palestinos de sus casas en 1948 justo cuando Trump inauguraba –por medio de su hija y yerno– su embajada en Jerusalén (bit.ly/2GqBfWU) hablando de un supuesto plan de paz [sic], pase (casi) desapercibida?
¿Cómo es posible que ocurra para empezar?
Simple.
Se explica por el generalizado racismo hacia los palestinos y por la persistencia de los modos coloniales de dominación cuya mejor muestra es el free pass que el mundo le sigue dando al proyecto colonial israelí en Palestina.
Es posible por una serie de supuestos ideológicos respecto a los palestinos que podrían ser plasmadas en unas tesis biopolíticas centradas en su cuerpo, enraizadas en la sociedad israelí, pero compartidas también –al menos en parte– por el mundo.
Veamos:
• El cuerpo palestino es un problema fundacional de Israel (desde los primeros asentamientos, primeros organizados despojos de la tierra y primeros transfers poblacionales hasta la Nakba y la limpieza étnica que ésta trajo). El deshacerse de él es un problema histórico y actual a la vez cuya solución es cosa del presente (bit.ly/2Km21ST).
• El cuerpo palestino es en sí mismo un peligro (su existencia hace peligrar a la exclusividad racial y la identidad excluyente de un Estado establecido violentamente en su tierra y a su costa).
• El cuerpo palestino es en sí mismo un arma. Un palestino desarmado –incluso un niño o un discapacitado (bit.ly/2IuT5dh)– está armado por el solo hecho de existir. La mejor manera de desarmar al cuerpo palestino es convertirlo en un cuerpo muerto.
• El cuerpo palestino es un terreno donde las reglas universales de la guerra no aplican (olvídense por ejemplo del uso proporcional de la fuerza). La guerra en su contra ha de llevarse a cabo indiscriminadamente y con el máximo uso de la fuerza (doctrina Dahiya). La muerte siempre es la primera opción.
• El cuerpo palestino no conoce la diferencia entre un civil y un combatiente; entre una mujer y un hombre; entre un adulto y un niño: en Gaza no hay gente inocente (A. Lieberman dixit). Su delito es existir y ocupar un espacio que no le pertenece.
• El cuerpo palestino siempre muere solo. Nunca es asesinado. En el mejor de los casos muere en choques (bit.ly/2rOzL4n).
• El cuerpo palestino es violento por su naturaleza. Si cae víctima de la violencia, es porque él mismo la ha provocado. Es incapaz de actuar de manera no-violenta y si lo aparenta es sólo un truco para actuar violentamente. El cuerpo palestino no lucha por sus derechos, incita. No protesta, ataca.
• El cuerpo palestino es diferente: ellos no aman a sus niños como nosotros, no aman a la vida como nosotros (una vieja y calculada estrategia colonial de deshumanización para justificar masacres de nativos).
• El cuerpo palestino es subhumano, inferior en la escala del ser: bestias de dos patas (M. Begin dixit); chapulines para aplastar (Y. Shamir dixit); serpientes cuyas madres hay que exterminar (A. Shaked dixit).
• El cuerpo palestino es un cuerpo colonizado y racializado (sujeto a una doble estrategia de deshumanización y eliminación): no se le reconoce la misma dignidad humana que se atribuye a quienes lo dominan; su vida tiene poco valor para quien los oprime, es fácilmente desechable (bit.ly/2vbGCZC). Es masacrable. Su muerte no cuenta.
• El cuerpo palestino es una amenaza demográfica. Dado que constituye una ligera mayoría entre el Mediterráneo y el río Jordán y además posee una natalidad mayor, hay que hacer todo para mantener el balance: desde la negación de sus derechos hasta su neutralización (bit.ly/2k7mX4K).
• El cuerpo palestino ha de ser sujetado a diferentes métodos de control según su ubicación: a) en Gaza, un paradigmático lugar de no-ser, la hacinada población sobrante palestina a un cruel bloqueo y un genocidio incremental (I. Pappé) por los que ella misma tiene la culpa [sic]; b) en Cisjordania a un racializado régimen de la ocupación militar; c) en Israel –los palestinos-ciudadanos israelíes– a un discriminatorio sistema de leyes raciales (el apartheid).
• El cuerpo palestino es un peligroso portador de la memoria sobre sus orígenes, identidad y tradiciones (sobre todo las pre- Nakba). Ésta ha de ser borrada, preferentemente junto con el portador.
• El cuerpo palestino no es un sujeto. Es pura biología (bios versus zoé). La vida desnuda (Agamben). En el cuerpo palestino no hay política (resistencia, organización, proyecto nacional, etcétera) y nada de lo que le pasa es el resultado de ella (colonialismo, ocupación militar, etcétera). Su vida son puros instintos e impulsos. Si sufre, es como una bestia que careciendo de la razón no sabe adaptarse a la realidad.
• El cuerpo palestino como una cosa de la naturaleza tiene que ser dominado y controlado tal como se domina y controla a ella: en Gaza de vez en cuando hay que podar el pasto (un general israelí dixit).
• El cuerpo palestino es un prisionero en la cárcel más grande del mundo [los territorios ocupados] (I. Pappé) o en el campo de concentración más grande jamás [Gaza] (B. Kimmerling) y así ha de ser tratado: confinado en un espacio más pequeño posible, castigado y disciplinado cuando se amotina, exterminado cuando sea necesario.
• El cuerpo palestino es un problema técnico a resolver que requiere un nuevo enfoque: ¡adiós a la solución de dos Estados (Oslo): Israel y Palestina semi-independiente (que sin embargo lo empoderaba demasiado y de por sí era sólo un escaparate israelí para ir colonizando más tierra)!; ¡bienvenida la futura fórmula de tres: Israel, Egipto y Jordania!
Su meollo es precisamente la absorción de los cuerpos. Quién –como resultado de una simultánea anexión y separación de ciertos territorios– se quedará con cuantos.
Si no cambia nada, ya verán, a esto se resumirá el deal of the century de Trump.
*Periodista polaco

“Por primera vez, el miedo a la globalización es un asunto político en EE.UU.”

Entrevista a Diane C. Mutz, politóloga
CTXT (Contexto y Acción)

El relato que se ha impuesto desde la elección de Donald Trump en noviembre de 2016 es meridiano y arrollador: le votaron los blancos excluidos, los “olvidados” por una economía globalizada y unas élites soberbias. Las consecuencias políticas de dicho análisis resultan explosivas, y gobiernan el debate sobre todo lo sustancial en la política estadounidense, desde la adjudicación sobre si Trump ha abandonado a sus electores a qué líneas maestras deberían guiar un proyecto político alternativo al suyo. Pero, ¿y si la premisa fuese falsa? Eso mismo se ha propuesto demostrar Diana C. Mutz, politóloga y directora del Instituto para el Estudio de los Ciudadanos y la Política de la Universidad de Pennsylvania. Provista de una batería de entrevistas en torno a las elecciones de 2012, el equipo de Mutz reeditó el mismo trabajo para luego cruzar las respuestas y poder establecer tendencias sobre los cambios en el estado de opinión de los electores, y cómo estos se veían o no reflejados en la evolución económica de los mismos entrevistados. El resultado de su análisis empírico es un artículo académico de gran repercusión.
En su artículo, cuestiona la tesis de los olvidados” como explicación de la victoria política de Trump. ¿En qué consiste esa tesis y cómo la ha examinado?
La tesis de los olvidados es la que argumenta que el motivo de la victoria de Trump fue su capacidad de atraer a los que habían sido olvidados económicamente. Es decir, aquellos a quienes no les va bien, que viven en una situación de pobreza o han perdido su trabajo por culpa del declive en el sector manufacturero, etc.
Para examinar esa tesis, utilizamos datos del mismo grupo de votantes, entrevistadas en octubre de 2012 y de nuevo en octubre de 2016. Y, en ambos casos, les preguntamos no solo por sus ingresos, sino sobre qué pensaban subjetivamente sobre la situación financiera de su familia, si habían perdido o recuperado el empleo, si se encontraban en dificultades por los flujos del comercio internacional… También nos detuvimos a analizar la tasa de desempleo en sus comunidades, el ingreso medio, el porcentaje de empleos en el sector manufacturero y ese tipo de cuestiones. Porque es posible que, si bien la situación personal de alguien no ha empeorado, ese alguien viva en una zona castigada por el deterioro económico. Lo que descubrimos fue, de manera no especialmente sorprendente, dada la mejoría económica en esos cuatro años, que la gente estaba en condiciones mucho mejores en 2016. Más aún, los verdaderos “olvidados”, los que estaban sufriendo económicamente o no se habían recuperado de la recesión tan rápido como otros, esos precisamente no apoyaron a Trump. No fueron ellos quienes le auparon a la Presidencia. Y esto sugiere que la tesis es errónea. No es que no haya “olvidados”, gente que sufre, es queesas no fueron las bases del electorado de Trump.
Hay mucho que desgranar en lo que cuenta. La propia narrativa que se propuso analizar es muy prevalente y ha dominado los análisis desde las elecciones. ¿Qué consecuencias tiene un análisis tan erróneo, basado en una premisa que usted ha señalado como falsa?
Bueno, creo que lleva a los políticos a poner énfasis en los asuntos equivocados de cara al futuro. Una de las grandes ironías es que en la última década, el número de empleos en el sector manufacturero en EEUU en realidad ha crecido. No quiero decir que no hayamos perdido un gran número de puestos de trabajo en la industria. Sin duda, eso ha sucedido. Pero lo que ocurre es que fue hace ya mucho tiempo. Y es difícil creer que pudiera influir en los votantes en 2016, cuando ocurrió mucho antes de 2012.
Lo interesante es ver de dónde viene este error de análisis. Los periodistas empezaron a desarrollar esta interpretación justo después de las elecciones presidenciales, basándose en un patrón claro que se repite entre los votantes de Trump: su bajo nivel educativo. Trump ganó en zonas con escaso nivel de educación secundaria y terciaria, algo poco habitual para los republicanos. Y mucha gente se apresuró a interpretar eso como una muestra de que esa gente tenía una situación económica peor. Pero como científicos sociales, sabemos que el nivel educativo suele ir aparejado no solo con el nivel de renta, sino con otros muchos aspectos, como la tolerancia, la xenofobia, el racismo, etcétera. Así que el observar ese patrón respecto al nivel educativo de los votantes no ofrecía respuestas demasiado claras.
La tesis que propone como alternativa habla de grupos que perciben una amenaza a su estatus como los verdaderos votantes de Trump. ¿A qué se refiere?
Bueno, lo que ha sucedido en los EEUU en los últimos años es en primer lugar que la gente cada vez tiene más claro que pronto seremos un país de “minorías mayoritarias”. Los blancos van a dejar de ser mayoría en EEUU. De hecho, eso ya es una realidad entre el alumnado de los colegios estadounidenses. Mucha gente piensa en los EEUU como un país prototípicamente blanco, cristiano y demás. Así que esto representa un verdadero cambio de identidad.
Lo cierto es que los blancos seguirán teniendo una situación financiera mucho mejor en su conjunto que el resto, y conservarán mayores niveles educativos, por mucho que se den estos cambios demográficos. Pero para mucha gente, esto supone una redefinición fundamental de quiénes somos. Y, como demuestran los estudios psíquicos, esto da lugar a una suerte de nostalgia por las jerarquías de estatus del pasado.
LA IDEA DE QUE EEUU PUEDA TENER QUE COMPARTIR ESCENARIO CON CHINA LE RESULTA MUY AMENAZADORA A LA GENTE
Esto es algo que observamos no solo en lo que se refiere a la cuestión de raza, sino también a la de género. Me refiero a que la misma gente que percibe que los blancos sufren discriminación con respecto a las minorías tiende a pensar que se discrimina a los hombres en favor de las mujeres, y también perciben a los cristianos como víctimas de discriminación, a pesar de que esos colectivos son los dominantes en la sociedad estadounidense.
Cunde esta sensación de que, de algún modo, el mundo está patas arriba. “Las cosas han cambiado. Ya no somos el colectivo más poderoso”. Aunque la gente no vaya por ahí diciendo esas cosas, sí que muestra una pronunciada ansiedad sobre el rumbo que lleva el país. Y, de nuevo, no es ya que esos colectivos tiendan a coincidir, es que son también quienes temen a la globalización. Tienden a temer la interdependencia de gente de otros países. Y eso sí que casa perfectamente: la actitud contraria al comercio internacional va de la mano de la mala recepción a la gente de orígenes distintos al propio.
Insisto, los EEUU forman un país enorme, que está acostumbrado a ser el súper poder económico dominante. Y la idea de que pueda tener que compartir ese escenario con lugares como China le resulta muy amenazadora a la gente. Les hace perder la sensación de control sobre su entorno y desear volver al pasado.
¿Quiénes son, entonces los votantes de Trump? Habla de gente de raza blanca, hombres, cristianos, y los define a todos como colectivos de alto estatus. Suena a algo muy diferente de la cacareada “clase trabajadora blanca”.
LOS POBRES NO VOTARON A TRUMP
Exacto. El término “clase trabajadora” es algo ambiguo. Pero los votantes de Trump son gente de ingreso medio y también gente rica. No son pobres. Los pobres no votaron a Trump. Son, ante todo, gente de nivel educativo bajo. Y el nivel educativo y el ingreso tienen cierta correlación, pero no son lo mismo. Uno puede tener un buen sueldo sin haber ido a la universidad.
Usted señala, al comparar cómo el electorado percibía a Trump con la percepción de Mitt Romney en 2012, la capacidad de Trump de conectar con las actitudes de la gente respecto del libre comercio y China, como elemento clave para explicar su victoria. ¿A qué actitudes se refiere y cómo de importante fue la capacidad de Trump de apelar a las mismas?
Lo curioso del asunto es que históricamente el partido republicano siempre ha sido el más favorable a la liberalización del comercio. Pero las tornas han cambiado en EEUU. Ahora son los demócratas los que favorecen más la liberalización del comercio. En 2012, la gente no apreciaba especial diferencia entre las posturas de ambos candidatos en ese asunto. Pero si nos acercamos a 2016, vemos cómo Trump se posiciona claramente como el candidato contrario al libre comercio. Y la idea de que se pueden levantar muros y se puede ser autosuficiente sin conectarse con el resto del mundo y participar en la economía mundial y que eso, de alguna manera, nos hará más fuertes, todo el Make America Great Again, el “compre productos americanos”, se convierte en un eslogan muy atractivo, en especial para quienes no tienen un conocimiento del comercio y lo muy interconectado que ya está el mundo.
Hay otro elemento en su trabajo, que ha mencionado de pasada hace un momento, que tiene que ver con la percepción de que el dominio del mundo por parte de los EEUU se ve amenazado. ¿Hasta qué punto es Trump consecuencia del declive imperial estadounidense?
Se impone una sensación de que ya no somos el superpoder dominante que un día fuimos. Y toda la idea de compartir protagonismo con otras economías fuertes es poco atractiva, especialmente para aquellos que sienten que el estatus de su propio grupo a nivel doméstico ha disminuido. Uno de los datos fascinantes que a menudo se pasan por alto es que, si uno se fija en las actitudes con respecto a la inmigración en este periodo de tiempo, han sufrido precisamente la evolución contraria. La gente no se ha vuelto más anti inmigrante. No se sienten más amenazados que antes por los inmigrantes. Y creo que hay una gran diferencia entre las posturas tan negativas en el aspecto racial que se hacen evidentes hoy en día, que se basan en el miedo al progreso de las minorías y de la gente de otros orígenes. Pero la gente en general no les percibe negativamente. Si acaso, la visión negativa de los inmigrantes es menos imperante que hace veinte años.
Más allá de las percepciones de la gente, ¿qué cambios en la economía política estadounidense y las políticas de ocho años de gobiernos demócratas alimentaron el ascenso político de Trump?
LA COMBINACIÓN DE IR CONTRA LOS PROGRAMAS DEL ESTADO DE BIENESTAR Y AL MISMO TIEMPO CONTRA EL LIBRE COMERCIO TE SITÚA CONTRA LA ESPADA Y LA PARED
No creo que tenga tanto que ver con las políticas. Tiene más que ver con el cambio. En el pasado, había un consenso entre las élites políticas sobre asuntos como el comercio exterior, pero estas élites no hablaban demasiado del asunto en público, porque eran conscientes de que el público de masas tenía una opinión más negativa del asunto que los demócratas y los republicanos en el congreso. Así que tenían un incentivo para seguir haciendo lo mismo de siempre sin politizar el tema. Ahora la globalización es un asunto político. Y no creo que se vaya a evaporar. La cuestión es, ¿cómo combinamos aspectos como la participación en la economía global con un estado del bienestar tan débil como el que tenemos? Porque es cierto: la globalización desplaza a la gente de sus empleos. Y en otros países eso se resuelve mediante programas de capacitación, con un sistema de bienestar más fuerte que amortigüe la caída. Pero en EEUU no tenemos eso. Es un asunto que debemos abordar. Pero no debemos equivocarnos y pensar que la gente que, individualmente, ha sufrido las consecuencias de la globalización fue la que apoyó a Trump. El problema se da cuando los republicanos son, al mismo tiempo, el partido “anti comercio” y el anti políticas sociales y de bienestar. Es muy interesante ver cómo nuestros entrevistados, si bien se sienten olvidados, cuando les preguntamos, ¿debemos establecer programas públicos que ayuden a los ‘olvidados’ a conseguir trabajos mejor pagados, adquirir nuevas habilidades, etc.? La respuesta es: “No, lo que queremos son los trabajos que teníamos antes”. Bueno, eso no es posible. El problema es cómo ajustarnos a un mundo cambiante. Y creo que la combinación de ir contra los programas del estado de bienestar y al mismo tiempo contra el libre comercio te sitúa contra la espada y la pared, porque esto no es algo que los mercados vayan a resolver solos.
Se ha hablado mucho, desde la elección de Trump, de cómo está gobernando de espaldas a los intereses de quienes le votaron. Pero esa crítica normalmente viene asociada a la tesis que su trabajo se propone desmontar. Dado su análisis sobre la composición del electorado ‘trumpiano’ y las políticas que ha llevado a cabo desde su elección, ¿diría que Trump ha traicionado a sus bases?
Bueno, para empezar sus bases no eran los olvidados. Así que, en ese sentido, no. Sus seguidores más acérrimos, los que le siguen secundando por mucho que sea un presidente con muy poco nivel de apoyo en relación con los anteriores, son republicanos fieles que le apoyarán haga lo que haga, en base a una identidad partidista.
Muchos de los factores fundamentales que describe, desde el hecho de que EEUU sea un país cada vez menos blanco a la globalización y la inmigración, es previsible que se intensifiquen en los próximos años. Por otro lado, muchas de esas supuestas amenazas contra los blancos, los cristianos, etc., parecen cumplir la función de ofuscar la posibilidad de una política común, basada en intereses compartidos económicos o de clase, más allá de esas divisiones. ¿Significa esto que seguirán apareciendo nuevos ‘trumps’ salvo que se articule una política que ponga en cuestión la narrativa misma de desposesión que llevó al ascenso de Trump?
LAS COSAS HAN CAMBIADO SOBREMANERA EN LOS ÚLTIMOS CINCUENTA AÑOS EN LOS EEUU
El tipo de ansiedad que la gente sufre durante épocas como esta puede resultar pasajero. Por ejemplo, hay estudios sobre cómo cuando una ciudad tiene un alcalde negro por primera vez, los blancos tienen una sensación parecida de: “Oh, esta persona va a gobernar solo para los suyos y olvidarse de nosotros”. Y, pasado un tiempo, coinciden en que: “¿Sabes qué? Las cosas no han cambiado tanto”.
A menudo, esa ansiedad sobre el futuro supera con creces a la realidad. La gente tiende a acostumbrarse. Por supuesto, las cosas han cambiado sobremanera en los últimos cincuenta años en los EEUU. El problema no es que el cambio sea malo o la gente no sea capaz de adaptarse, sino que el proceso lleva tiempo y hay obstáculos en el camino.
Creo que tener una interpretación más clara de lo que realmente motivó a la gente en 2016 permitirá a los políticos desarrollar medidas y discursos que a la larga sirvan para paliar los miedos de la gente a estos cambios. Pero eso no ha sucedido aún. Y creo que el hecho de que confluyeran todas estas corrientes al mismo tiempo, dominadas por ansiedades raciales y de dominio, hizo mucho por aumentar las posibilidades de Trump. Si el candidato republicano nominado para la presidencia hubiera sido otro, la situación hubiera sido muy distinta.