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miércoles, 23 de junio de 2010

Sobrevivencia de los migrantes en Estados Unidos....


Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)

La debacle económica estadounidense, a pesar de las triunfalistas declaraciones de Barack Obama, continúa haciendo estragos entre la población trabajadora, en especial los migrantes, quienes han debido de resistir condiciones de trabajo más duras, de las que de por sí ya tenían, en especial aquellos que, por fortuna, aún tienen trabajo (es aún tan difícil la situación, que de acuerdo con testimonios de amigos incluso estadounidenses, mucha gente que perdió su trabajo desde hace varios meses, aún no consiguen uno nuevo y los que lo han conseguido, una buena parte ha sido en actividades que nada tienen que ver con su experiencia o los estudios que realizaron, por ejemplo, es el caso de una amiga enfermera que perdió su empleo en un hospital y ahora trabaja como mesera, ganando mucho menos dinero del que antes percibía).
Ese es el testimonio de doña Elena, poblana que está aquí unos días, viviendo con una amiga, realizando unos trámites para obtener su visa canadiense, debido a que su hija, que radica en Canadá, tuvo a su primer hijo, y ella desea visitarla. Pero como a pesar de tener viviendo doña Elena 14 años en EEUU y trabajar allá desde entonces, aún no tiene la residencia legal - se la ha pasado con visa de turista todo ese tiempo -, debió de venir a México para tramitar desde aquí el visado canadiense, el que también le ha llevado mucho tiempo conseguir. “Fíjese, primero me dijeron en la embajada de Canadá que una semana, luego que quince días, y de plano luego me dijeron que un mes”, nos comenta doña Elena, en resignado tono. Ha sido todo un burocrático trajín el que ha debido realizar, pues además de pagar $1100 pesos por los trámites en la embajada, debió de solicitar una invitación de su hija, enseñar el boleto de viaje redondo del avión, demostrar solvencia económica… y todo para que le hayan concedido únicamente tres meses de permiso. “Ese es el trato que nos dan esos países, a pesar de que explotan nuestros recursos y a nuestros paisanos”, le comento, diciéndole que son mineras canadienses principalmente las que poseen buena parte de las minas de plata o de oro en nuestro país y que varias emplean métodos muy destructivos para obtener el mineral, como es el caso de “Minera San Javier”, filial de “Metallica Resources”, que está destruyendo con dinamita el emblemático cerro de San Pedro en San Luís Potosí, y que usa cianuro para separar el mineral de la piedra, veneno que está contaminando los acuíferos locales.

“¿¡Pues sí, pero, a ver, por qué nuestro gobierno lo permite?!”, replica ella, y ya siguen algunos otros comentarios sobre la corrupción gubernamental y la blandura ante naciones como Canadá o EEUU, que siempre ha caracterizado a nuestras ineptas, entreguistas autoridades, pero porque, además, lo que menos les interesa a esos países es cuidar el medio ambiente de aquellas naciones en donde hacen muy buenos negocios.
Luego de ese paréntesis de reflexión y crítica política, doña Elena me sigue platicando aspectos de su vida. “Fíjese, es como lo que le digo, que a mí no me han dado mi residencia allá, a pesar de tantos años que llevo trabajando en Estados Unidos y hasta pago impuestos”. “¿Pero por qué no se la han dado?”, le vuelvo a preguntar. “Pues que porque no tengo un trabajo fijo… ¡eso dicen!”, declara, irónica, siendo que casi desde que llegó a ese país ha estado laborando en algún lugar. “¡Y yo no sólo trabajo, sino que están allá dos de mis hijos, ya tengo nietos que nacieron allí, rento un departamento con mi marido, pago impuestos, compro cosas por allá, rento cable, teléfono… y mire, no me han dado nada y por eso tengo que venir hasta acá por mi visa canadiense!”, sigue diciendo, paro ahora un tanto enojada.

Es lo que cientos de miles de connacionales y de migrantes de otras nacionalidades esperan desde hace años, una reforma migratoria que les dé certeza jurídica para radicar legalmente en ese país, para que situaciones como la de doña Elena no sucedan y, en general, otras más urgentes, como el hecho de que sean expulsados si son atrapados, sin mayor excusa, luego de años de haber estado trabajando en ese país como ilegales, debido a tanta engorrosa, complicada tramitología (pero, además, esa incertidumbre legal, los hace vulnerables a arbitrariedades de todo tipo, como laborales. Cuando se accidentan en su fuente de trabajo, los indocumentados, cuando mucho, son llevados con un médico, el que le tratará de curar la herida, si se puede, y ya, no se les da una indemnización, ni se les pensiona, nada absolutamente, y por eso las empresas reclutadoras siguen contratando a ilegales para subcontratarlos a otras empresas, pues además de baratos, no se obliga a los patrones a pagar nada, aún en caso de accidente. Eso hace, por ejemplo, la empresa subcontratista The QTI Group).

Nos platica doña Elena que sus dos hijos tienen cada uno una pequeña empresa de limpieza, pues es una gran tendencia en ese país la de convertirlo todo en una mercancía, incluso las labores domésticas. Las empresas prefieren pagar a compañías especializadas servicios de limpieza, en lugar de tener sus propios empleados, pues les sale más barato hacerlo así, ya que no pagan prestaciones, ni tiempo extra, ni nada (y ni tienen que ver con la calidad migratoria del empleado), sólo el servicio proporcionado, y como hay tantas de esas compañías, se han abaratado tanto sus labores, que hasta el lujo se dan aquéllas de elegir las más baratas. “Sí, fíjese, yo antes de venirme, le ayudaba a mi marido a limpiar unas oficinas, que entrábamos a las seis de la mañana y a las siete y media ya estaba todo listo, nos pagaban 900 dólares por mes, pero llegó otra empresa que les cobró 800 y ¿¡usted cree que los patrones tacaños les dieron el trabajo a ellos, con tal de ahorrarse mugrosos cien dólares!?”.

Doña Elena, como dije, es originaria de Puebla, pero de muy niña se vino a la ciudad de México, a la colonia Moctezuma, ubicada al oriente, y allí vivió con sus padres y sus hermanos. “Yo me puse a trabajar desde los 14 años, sí, en un taller de costura. Se hacían baberos, blusas, pantalones… y otras cosas, y yo tenía que poner las telas en unas maquinotas… viera que era pesado, pero a mí siempre me gustó trabajar, porque desde chiquita me gustó tener mi propio dinero”, dice, mostrando cierto dejo de orgullo. “Mi papá era ferrocarrilero, telegrafista, de los que estaban con la maquinita… tic, tic, tac… para avisar a qué hora salían o llegaban los trenes, y como no ganaba tan mal, por eso pudo comprar la casa en la Moctezuma”, continúa platicando esos recuerdos que le parecen tan vivos.

Y nos platica algo de su vida en EEUU. “Mire, yo vivo en California, en Santa Cruz, cerca de San Francisco, en una calle muy bonita que se llama River. Al final de esa calle está un bosque que se llama Felton, bien cuidado y allí hay unos árboles enormes, bien bonitos, puro ciprés y pinos, pero deveras, unos troncos bien gruesos que tienen y como están tan juntitos, pues todo el día dan sombra y todas las casas de por allí tienen prendidas siempre sus luces”, lo cual compruebo, lo del espeso bosque, en una vista satelital cortesía de Google, que más tarde reviso, (es, hasta cierto punto, la ventaja de este internetizado mundo, reflexiono). Eso me hace pensar en que los estadounidenses se consideran paladines del medio ambiente, y sin embargo, no son así cuando de recursos naturales de otros países, en donde operan sus contaminantes empresas, se trata. Y me viene a la mente el derrame petrolero imparable que está ocurriendo en las costas de Luisiana, en el golfo de México, lo que los está dejando muy mal parados, pues no sólo se afectarán sus costas, sino todos los océanos al final se verán afectados directa o indirectamente, ¡será el peor desastre ecológico marino, no sólo de EEUU, sino del mundo entero! (al momento de escribir estas líneas, el derrame abarca ya un área de casi 24,000 kilómetros cuadrados, que equivaldría aproximadamente a la superficie de una circunferencia que tuviera unos 175 kilómetros de diámetro, ¡y se incrementa a razón de 140 kilómetros cuadrados por día, equivalentes a la superficie de un cuadrado de más o menos 11 kilómetros por lado!)

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