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lunes, 9 de abril de 2018

American Curios: Disputas por la nación


David Brooks

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Una quinta parte de la población estadunidense se ha expresado en marchas, mítines y actos de protesta durante los pasados dos años, reporta el Washington Post. Los temas principales de las movilizaciones son: derechos de las mujeres, asuntos ambientales e inmigración. Hoy día son los maestros quienes con huelgas en varios estados exigen revertir la destrucción de la educación pública en Estados Unidos. En la imagen, docentes en Oklahoma, hace unos díasFoto Ap
Ante las agresiones de esta presidencia contra las instituciones y normas democráticas del país, incluidas las libradas contra los derechos y libertades civiles y las que podrían librar todo tipo de guerras, muchos aquí apuestan a las elecciones intermedias de noviembre para lograr una mayoría demócrata en por lo menos una de las cámaras del Congreso como un primer paso para contrarrestar al peor y más peligroso presidente en tiempos modernos.
Pero aquí vale recordar que existe un juego de la democracia y, por otro lado, una lucha por la democracia. No son lo mismo.
El juego democrático es literalmente uno entre multimillonarios, quienes se atribuyen el derecho de definir los intereses nacionales para la llamada sociedad civil. Las disputas sobre políticas nacionales son definidas por multimillonarios, algunos conservadores, otros liberales, algunos demócratas otros republicanos y varios que son ambidiestros.
Por ejemplo, sobre la educación, los que impusieron su visión de reforma fueron Bill Gates, la familia Walton (de Walmart) y otros parecidos. Hoy, son la familia multimillonaria DeVos (incluida la secretaria de Educación, Betsy DeVos). Las disputas sobre otros temas nacionales son determinadas y manipuladas por, a la derecha, los hermanos Koch, Sheldon Adelson y los Mercer, entre otros, y por el lado liberal están los George Soros, Warren Buffett, Michael Bloomberg y varias fundaciones que se dicen progresistas.
Muchos lucran con la disputa y juegan en ambos lados, donde se podría colocar, por ejemplo, al joven poderoso de Facebook, Mark Zuckerberg, ahora criticado por permitir –y tal vez hasta lucrar– con el uso de la información de sus clientes con fines políticos.
Los mega-ricos financian los foros donde se debate todo esto , incluyendo la influencia del dinero sobre el proceso político, como los tanques pensantes, centros de investigación, universidades, publicaciones, todo tipo de ONG y organizaciones políticas y sociales, que de cierta manera son desplegados como ejércitos en esta pugna entre diversos sectores de las cúpulas, aunque se disfraza de debate democratico (sin invitar al demos a la mesa).
En los medios están derechistas como los Murdoch y también liberales como los Jeff Bezos, fundador de Amazon y dueño del Washington Post, entre otros. Por cierto, impero en las noticias de esta última semana el ataque de Trump contra Bezos, desatando un debate donde pareciera que uno tenía que alinearse con uno u otro en esta bronca entre dos multimillonarios, y no una disputa sobre el bien común.
Como lo resume el analista político Thomas Frank en su artículo en The Guardian, en la supuesta mayor democracia mundial, tenemos a los republicanos multimillonarios, con su intolerancia y su guerra sobre todo el rubro público, y a los multimillonarios demócratas, con su ideología inconsciente global y tecnológica. Para el pueblo común, convocado en toda nuestra majestad, la pregunta transcendental es: ¿a quién odias más?
No es nada nuevo, y vale recordar que el multimillonario populista en la Casa Blanca llegó ahí, en parte, porque denunció que este juego democrático era una farsa controlada por los más ricos, señalando que él mismo era uno de esos que controlaban este juego.
El ex presidente demócrata Jimmy Carter comentó en 2015 que Estados Unidos ahora es sólo una oligarquía con soborno político ilimitado. El gran intelectual, escritor e historiador Gore Vidal había dicho hace décadas que “sólo existe un partido en Estados Unidos, el partido de la Propiedad (…) y tiene dos alas derechas: Republicana y Democrata”.
En este contexto, vale recordar que hace unos años el hoy republicano Trump estaba registrado como demócrata. Para él era más o menos lo mismo.
Todo esto sólo ha empeorado en tiempos recientes. Los dueños del juego han incrementado su poder económico, y, con ello, el político. Hoy día, el l por ciento más rico controla más que la riqueza combinada del 90 por ciento de abajo. A escala mundial, según un nuevo informe, se pronostica que el 1 por ciento –si nada cambia– llegará a controlar dos tercios de la riqueza mundial para 2030, reportó The Observer.
La mayoría sabe, desde hace tiempo, que este juego no es para bien de las mayorías, según toda encuesta sobre el asunto. Pero ahora –y en esto tal vez se le tiene que dar un poco de crédito al presidente– se expresa cada vez más un ya basta ante este juego en las calles del país.
Una quinta parte de la población estadunidense se ha expresado en marchas, mítines y actos de protesta durante los pasados dos años, reporta el Washington Post. De ellos, 19 por ciento nunca habían participado en un acto político anteriormente. Setenta por ciento del total estaba motivado por su oposición a Trump. Los temas principales de los participantes en movilizaciones y protestas fueron: derechos de las mujeres, asuntos ambientales e inmigración.
Hoy día son los maestros con sus huelgas y paros en varios estados quienes exigen revertir la destrucción de la educación pública, y los estudiantes, que crearon un nuevo movimiento contra la violencia por armas y los que lucran con ella, los que están educando al país. No están alineados con ningún partido, sino que insisten en cuestionar el juego de las élites que son cómplices de los intereses que han llevado a estas crisis.
Estos movimientos recientes se están aliando con otros que han surgido en tiempos recientes (inmigrantes, Black Lives Matter, ecologistas, indígenas, la diáspora de Ocupa Wall Street), que están desafiando el juego político controlado por los de arriba. Muchos participarán de alguna manera –tal vez más que en tiempos recientes– en las próximas elecciones intermedias, pero muchos señalan también que no pueden depender sólo del juego electoral corrompido por ese club exclusivo de los mega-ricos.
La disputa por esta nación ya no se puede reducir a una contienda entre demócratas y republicanos, sino a una lucha para rescatar algo más fundamental: la democracia.

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